La realidad de la Cruz en Colombia

Resumen

Aplicando este marco, el autor examina críticamente la historia de Colombia. Durante la Conquista, la cruz fue usurpada por los españoles para justificar la barbarie contra los pueblos indígenas, cuyos sufrimientos —como los narrados por Bartolomé de las Casas— representan la verdadera proyección de la cruz, y no la de sus victimarios. De igual modo, la esclavización de africanos, descrita por Alonso de Sandoval, S.J., constituye otro claro ejemplo donde la institución esclavista y su brutalidad ocultaron la cruz bajo una teología que legitimaba la opresión.

En la época colonial, figuras como José Antonio Galán, líder comunero que luchó por la liberación de indígenas y esclavos, fue ejecutado con una crueldad que reproduce los rasgos del escarnio de la cruz. De forma similar, Antonio Nariño, perseguido por difundir ideas de derechos humanos, encarna la estigmatización del poder.

El conflicto bipartidista entre liberales y conservadores, especialmente durante La Violencia (1947-1957), muestra cómo la cruz fue manipulada ideológicamente. Mientras el discurso eclesiástico estigmatizaba al liberalismo como pecado, miles de campesinos liberales fueron masacrados. Testimonios como el del padre Fidel Blandón, autor de Lo que el cielo no perdona, revelan la complicidad de autoridades eclesiásticas en la persecución.

El conflicto armado moderno, iniciado en los años 60 con la estrategia paramilitar auspiciada desde Estados Unidos, profundizó la violencia. Se describe una brutalidad sistemática, —desapariciones, torturas, descuartizamientos— cuya trivialización mediática y judicial ha insensibilizado a la sociedad. Frente a la ideología de la “simetría violenta”, el autor insiste en discernir la cruz auténtica: aquella que cubre a quienes mueren luchando por la justicia, la igualdad y la libertad, valores evangélicos, y son estigmatizados y exterminados por el poder.

Se aborda también la controversia teológica en torno al martirio de quienes mueren combatiendo por causas justas, citando posturas de Tomás de Aquino, Benedicto XIV y Karl Rahner. La resurrección, se concluye, no anula el escándalo de la cruz, sino que subvierte radicalmente la lógica cultural que legitima la opresión. Valorar la cruz hoy implica reconocer el valor divino de quienes murieron por causas éticas y fueron degradados por el poder.

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