Imágenes interpelantes de un espejo retrovisor

Resumen

El texto es un testimonio conmovedor y personal sobre los primeros diez años de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, Colombia, escrito por Javier Giraldo Moreno, S.J. desde una perspectiva existencial y vivencial.

El relato comienza evocando el ambiente de terror palpable que se vivía en la región a finales de 1996, donde la idea de una comunidad neutral, propuesta inicialmente por el obispo Isaías Duarte Cancino, comenzaba a discutirse bajo una constante amenaza de los actores armados. Se describe el momento crucial en que, durante una reunión con el entonces Gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, su propuesta de una «neutralidad activa» (que implicaba una alianza con el ejército) fue rechazada unánimemente. Este rechazo llevó a la comunidad a abandonar el concepto de neutralidad y adoptar en su lugar el de «Comunidad de Paz», basándose en el artículo 22 de la Constitución colombiana que consagra la paz como un derecho y un deber.

La proclamación oficial de la Comunidad el 23 de marzo de 1997, a pesar de las advertencias del autor, desencadenó una violenta reacción conjunta del ejército y los paramilitares, con bombardeos, desplazamientos forzados y agresiones. Ante la crisis humanitaria resultante, los líderes de la comunidad plantearon un dilema crucial a los acompañantes: su presencia permanente determinaría la decisión de resistir o desplazarse. Así comenzó un acompañamiento continuo que apoyó la resistencia de los campesinos.

A lo largo de los años, la comunidad se cohesionó en torno a un Reglamento interno, construyendo una experiencia política inédita basada en la solidaridad y la defensa de sus principios. Su concepto de paz nunca fue pasivo; siempre estuvo ligado a la reivindicación de derechos, la exigencia de justicia, la denuncia de las injusticias y la búsqueda de autonomía.

Este camino se ha recorrido en medio de una violencia atroz. El autor relata con dolor numerosos crímenes, destacando los asesinatos de líderes fundamentales como Francisco Tabarquino (a manos de paramilitares) y de Ramiro Correa, Fernando Aguirre y Luis Fernando Espinosa (por parte de la guerrilla). El texto registra 174 asesinatos en total, 154 de ellos perpetrados por agentes del Estado o sus aliados paramilitares, y denuncia cerca de 600 Crímenes de Lesa Humanidad, incluyendo ejecuciones, desapariciones, tortura, incendios de viviendas y cultivos, y robos.

La masacre del 21 de febrero de 2005, donde fueron brutalmente asesinados el líder Luis Eduardo Guerra, su compañera Bellanira, su hijo Deiner Andrés de 10 años y otra familia completa (incluyendo a un niño de 18 meses descuartizado), representa uno de los episodios más dolorosos. La impunidad absoluta ante estos crímenes, a pesar de las denuncias ante instancias nacionales e internacionales, ha llevado a la comunidad a perder toda fe en la justicia estatal, a la que considera en un «colapso ético irreversible».

El testimonio concluye como una reflexión profunda de fe, donde el autor encuentra en la comunidad una fe existencial que «mueve montañas», ejemplificada en su decisión de desplazarse masivamente en abril de 2005 antes que someterse a convivir con sus victimarios, cuando el presidente Uribe ordenó la instalación de un puesto de policía en su territorio. Esta acción demostró una vez más su inquebrantable compromiso con sus principios y su capacidad de resistir frente a las fuerzas de la muerte.

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