Resumen
La carta es una reflexión dirigida a Ignacio de Loyola, escrita desde una profunda sintonía espiritual y existencial. El autor narra cómo, durante su exilio, visitó la casa natal de Ignacio en Loyola y experimentó una conexión íntima con su proceso de conversión, especialmente al contemplar la escultura de su convalecencia. Este encuentro lo llevó a un diálogo interior con Ignacio, donde reconoció la vigencia de su legado en los estratos más vitales del ser.
El texto aborda la evolución de la fe en un mundo secularizado, donde la cosmovisión cristiana tradicional, sostenida por la teología de la prueba y la teología de la víctima expiatoria, ha sido cuestionada por las ciencias humanas, el psicoanálisis y el materialismo histórico. Frente a esto, el autor propone una fe basada en un acceso ético existencial a Jesús, centrada en los valores por los cuales Jesús vivió y murió, y no en dogmas o estructuras de poder.
Se destaca el papel central del sentimiento y el discernimiento de espíritus en los Ejercicios Espirituales, donde la elección auténtica surge de la experiencia de consolaciones y desolaciones, no de la imposición doctrinal. El autor valora la apertura de Ignacio a relativizar instituciones y adaptarse a las circunstancias, reflejada en sus escritos.
Critica la institutionalización eclesiástica que, aunque guarda el mensaje evangélico, con frecuencia legitima estructuras de dominación. Reconoce que Ignacio y la Compañía de Jesús operaron dentro de marcos teológicos de su época, pero subraya que su espiritualidad contenía gérmenes de contracultura, como la opción por los pobres y la ruptura con seguridades mundanas.
El autor imagina a Ignacio en el contexto actual, aliado con los crucificados de la historia, impulsando rupturas contraculturales y apoyando luchas por justicia, soberanía alimentaria, defensa de la naturaleza y memoria de las víctimas. Concluye afirmando que, en los conflictos actuales, Ignacio estaría del lado de quienes desafían la normalidad patológica del poder y el mercado, desde una mística de solidaridad y libertad.
Mario Almeida es un pseudónimo que el padre Javier Giraldo usó en una época de su vida.