Camilo ayer y hoy

Resumen

La memoria de Camilo Torres, lejos de desvanecerse con el paso del tiempo, se fortalece a través de los testimonios de quienes vivieron de cerca su vida, su pensamiento y su compromiso. En el 56 aniversario de su muerte, se rescatan las crónicas de dos sacerdotes amigos suyos, el padre neerlandés

Ireneo Rosier y el jesuita uruguayo Juan Luis Segundo, quienes expresaron públicamente el profundo impacto de Camilo en los círculos religiosos e intelectuales de la agitada historia latinoamericana.

El padre Rosier, confidente y consejero de Camilo, reconstruye una conversación crucial de 1964 en la que Camilo le plantea un dilema de conciencia. Camilo se había convertido en una figura de confianza para numerosos grupos inconformistas en Colombia, quienes le instaban a liderar una revolución para lograr la emancipación social y económica de la gente humilde. El conflicto residía en cómo asumir este liderazgo sin comprometer su sacerdocio, ya que no creía que la jerarquía eclesiástica colombiana, arraigada en el statu quo, aprobara su decisión.

A pesar de que el cardenal lo pondría ante el dilema de dejar sus actividades o su sacerdocio, Camilo, en su profunda serenidad, buscó una opinión objetiva en Rosier. Este lo instó a no rehusar la apelación del pueblo, considerándola una vocación inalienable. Le sugirió que su amor por Cristo en su sacerdocio y en su pueblo podría llevarlo a un sacrificio contradictorio, incluso a la prohibición de ejercer su ministerio. Finalmente, Rosier reafirmó la justificación de los motivos de Camilo, aunque con la advertencia de que podría ser abandonado por la gente, como sucedió con Cristo.

Por su parte, el padre Juan Luis Segundo, un teólogo de la liberación, desmitifica la figura de Camilo como el «cura guerrillero». Explica que Camilo renunció a sus funciones sacerdotales y asumió la revolución violenta como un laico cristiano. Segundo argumenta que la elección de Camilo no fue entre la paz y la guerra, ya que la paz no existía en Colombia, sino que estaba inmersa en una violencia atroz. La violencia revolucionaria, según él, no es propiamente violencia, sino una forma de defensa del indefenso contra un «orden falso o legal» que genera innumerables muertes. Segundo también destaca que, a pesar de su renuncia temporal, Camilo vivió intensamente el pensamiento cristiano. Para él, Camilo reconfiguró la relación entre el cristianismo y la construcción de un mundo más habitable.

El autor Javier Giraldo concluye que Camilo no murió como un desesperado, sino que su muerte, en desolación, fue una consecuencia de su resistencia contra la injusticia, pagando con su vida por amor a Dios y a su patria.

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