Resumen
El texto reflexiona sobre el cuerpo como lugar político y teológico, tomando como punto de partida el asesinato y la mutilación del Padre Tiberio Fernández, párroco de Trujillo, cuyo cuerpo fue hallado el 24 de abril de 1990. Este hecho se enmarca dentro de una ola de violencia selectiva que, durante varios años, dejó cientos de cuerpos destrozados o desaparecidos en la región. El objetivo de esta práctica del terror era inscribir en los cuerpos de los sobrevivientes una serie de “textos” o normas sociales que dictaran su conducta futura mediante el miedo. Estos textos imponían el silencio ante la injusticia, la aceptación de la desigualdad económica, la sumisión a autoridades corruptas y una resignación que asociaba el sufrimiento corporal con la salvación del alma.
Los cuerpos humanos están constantemente moldeados por textos culturales —convicciones y comportamientos aprendidos— que definen lo “normal” en una sociedad. Estos se aprenden desde la infancia, se imponen mediante la socialización y, a veces, mediante la fuerza y el terror. Tres “textos-moldes” fundamentales —raza, género y clase— sirven de base para una multitud de otros textos que configuran una sociedad profundamente discriminatoria, donde las posibilidades de vida y desarrollo dependen de las características corporales y la posición social.
Frente a esta imposición, los cuerpos también resisten. La resistencia nace de las necesidades corporales insatisfechas y puede llegar a desmontar sistemas opresivos completos, como ocurrió con la abolición de la esclavitud, que se describe como un “virus” que destruyó el “programa” social que la sostenía. La fe cristiana es reinterpretada en este contexto no como una justificación de la opresión, sino como una fuerza de resistencia radical contra los textos discriminatorios. Textos bíblicos como Gálatas 3,28 (“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer…”) y la Parábola del Juicio Final (Mateo 25) se presentan como fundamentos para una fe que se encarna en el servicio a los cuerpos necesitados y en la lucha por desmontar los textos de raza, género y clase.
La política y la fe convergen en el cuerpo como su objeto central. Mientras la política negocia las necesidades corporales dentro de los marcos de los textos vigentes, la fe aborda esas mismas necesidades desde un compromiso radical que busca desconfigurar y destruir todo software social discriminatorio. La vida y muerte del Padre Tiberio se erigen como un ejemplo de esta confluencia, ya que su trabajo pastoral y su apoyo a cooperativas y protestas buscaban modificar los textos sociales injustos. Su asesinato fue, por tanto, un intento de aniquilar esa resistencia.
La reflexión final invita a pensar cómo encarnar la fe hoy en medio de textos sociales discriminatorios y cómo elaborar, desde una perspectiva cristiana, la experiencia de la destrucción de aquellos cuerpos que lucharon por cambiar dichos textos. La Resurrección se propone como el “virus” definitivo que desmonta el texto social de la muerte y afirma la vida.