Memoria histórica y construcción de futuro

Resumen

El texto critica la estrategia de “perdón y olvido” como mecanismo de transición frente a un pasado de violencia estatal, argumentando que en realidad es una invitación al olvido. Este “perdón” se presenta como impersonal y difuso, evadiendo una decisión moral genuina y cohonestando, en la práctica, la inmoralidad de que los victimarios se “perdonen a sí mismos”. El olvido es rechazado con vehemencia por constituir una agresión adicional contra las víctimas, al implicar aceptación o connivencia con los crímenes cometidos, prolongar su estigmatización y facilitar la manipulación de la identidad por parte del poder. Además, se argumenta que el olvido hipoteca el futuro al proyecto histórico de los victimarios y crea en el psiquismo individual y colectivo una área de censura que, lejos de evitar la violencia, genera una compulsión a repetirla, tal como advierte el adagio: “pueblo que no conoce ni asume su historia está obligado a repetirla”.

Frente a esto, se defiende el derecho a la memoria histórica como un pilar fundamental para la construcción de identidad y futuro. Se ilustra este potencial humanizante con el ejemplo de Israel, cuya cohesión y espiritualidad se edificaron sobre una memoria histórica narrativa que incorporaba selectiva pero honestamente los pecados, errores y sufrimientos del pueblo, extrayendo de ellos lecciones para el sentido del presente. En contraste, se presenta la “utopía negativa” de Orwell en “1984”, donde un sistema totalitario altera sistemáticamente el pasado mediante el “Ministerio de la Verdad” y el “doblepensar” para controlar la realidad y garantizar la infalibilidad del Partido, mostrando así las potencialidades deshumanizantes del olvido y la manipulación de la memoria.

El documento reconoce la naturaleza constructiva y dinámica de la memoria, lejos de ser un almacén fotográfico de hechos. Psicólogos como Bartlett demostraron que la memoria opera mediante esquemas y versiones reconstruidas de los hechos. Este carácter interpretativo, lejos de desvalorizarla, la humaniza, pues está impregnada de opciones, proyectos morales, afectos y deseos que definen la identidad individual y colectiva. La memoria autobiográfica, por ejemplo, es una “segunda lectura” más verdadera de la experiencia, al otorgar perspectiva y revelar las líneas maestras del propio destino.

Finalmente, se alerta sobre los riesgos de que la memoria histórica sea cooptada, instrumentalizada o convertida en mercancía por la lógica del mercado y los vencedores, que controlan los mecanismos de transmisión cultural. Sin embargo, se propone una pedagogía crítica que utilice los vestigios del pasado (objetos, ruinas, imágenes) para desmontar el mito del progreso ininterrumpido, desnudar la violencia, recuperar la noción de proceso histórico y reconectar las luchas pasadas con los oprimidos del presente. La salvaguarda de la memoria se sustenta en la convicción de que la derrota de las víctimas no es definitiva, que la injusticia es reversible y que el pasado es redimible.

Ver también: Proyecto Colombia Nunca Más – Introducción

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