Resumen
La obra se presenta como una profunda reflexión sobre cinco décadas de inmersión en el mundo de la defensa de los derechos humanos en Colombia. El autor describe un sistema estatal y un «Establecimiento» (conformado por gremios, partidos, medios y empresas) que se refuerzan mutuamente a través de un «sistema de puertas giratorias». Esta dinámica fomenta un perfil de «doble identidad o doble Yo» en los funcionarios, quienes profesan un discurso de «Estado de Derecho» mientras silencian y toleran la violencia perpetrada por agentes directos o indirectos del Estado. Esta dualidad, inspirada en el concepto de «doblepensar» de George Orwell, conduce inevitablemente a la decepción y la desesperanza. El contexto general del país es simbolizado como un «lodazal nauseabundo» donde la podredumbre se mezcla con ríos de sangre y dolor.
El documento recopila una serie de episodios y comunicaciones personales del autor que ilustran este contexto. Entre ellos, destaca la correspondencia en la que Giraldo Moreno rechaza de manera categórica el ofrecimiento de escoltas armados por parte de organismos de seguridad del Estado. Su negativa se basa en razones éticas y de conciencia: no puede permitir el uso de armas para su protección , considera que las víctimas por las que trabaja corren mayores riesgos que él , y la violencia solo genera una espiral ascendente. Además, expone su desconfianza en la protección estatal, ya que las amenazas a su vida provienen de los propios agentes del Estado y ha sido objeto de seguimientos y planes de desprestigio por parte del DAS.
Otra sección significativa es su carta al General (r) Álvaro Valencia Tovar, en la que el autor defiende a la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz de las acusaciones de ser «cercana a la guerrilla». Giraldo Moreno le reprocha al general haber defendido la legalidad de los grupos armados de «autodefensa» y le presenta evidencias de la estrecha relación entre militares y paramilitares en la región de El Carmen de Chucurí. El autor detalla los crímenes denunciados por la Comisión (torturas, asesinatos, masacres, etc.) y lamenta que los medios de comunicación, como el diario
El diario El Tiempo, se ha prestado para calumniar y difamar sin permitir el derecho a la réplica. El texto también denuncia el allanamiento a la sede de la Comisión de Justicia y Paz en 1998, calificándolo de atropello y respaldando los comunicados de rechazo de la Conferencia Episcopal.
Finalmente, el documento aborda la crítica a la justicia y los medios de comunicación, a los que acusa de actuar en complicidad para silenciar a las víctimas y garantizar la impunidad. El autor sostiene que el «Estado de Derecho» es una ficción y que el sistema judicial es ineficaz y perjudicial para los denunciantes, quienes en lugar de obtener justicia, son estigmatizados y convertidos en acusados. El epílogo compara al Estado con un muro podrido y agrietado, cuyos «baldosines de enchape antiguo» se caen con las protestas sociales, revelando la profunda descomposición de las instituciones.