El Derecho en un modelo de Estado esquizofrénico

Resumen

El texto analiza la profunda escisión que caracteriza al Derecho moderno, partiendo de la observación weberiana sobre el predominio de la racionalidad instrumental frente a la racionalidad basada en valores. Esta enajenación del Derecho respecto a sus fundamentos éticos, humanistas y políticos genera un modelo de Estado y de ciudadano fracturado, obligado a vivir en una contradicción constante entre sus principios normativos y la realidad factual.

Jürgen Habermas, en Facticidad y validez, intenta reconstruir la legitimidad del Derecho mediante la “razón comunicativa”, pero reconoce la tensión irreconciliable entre la facticidad —el mundo concreto regido por imperativos sistémicos— y la validez o legitimidad normativa. Aunque propone una distinción entre “aceptancia” (obediencia fáctica) y “aceptabilidad” (legitimidad racional), admite que el Derecho moderno suele prestar apariencia de legitimidad a estructuras de poder ilegítimas, funcionando como un medio equívoco de integración social.

El autor traslada esta reflexión teórica al contexto concreto de Colombia, donde la experiencia de impunidad estatal frente a crímenes de lesa humanidad —especialmente el desplazamiento forzado— revela la existencia de un Estado esquizofrénico. Este Estado se divide en dos dinámicas contradictorias: una formal, de apariencia democrática y legal, y otra factual, basada en la violencia y el poder no legitimado. La estrategia paramilitar es un ejemplo claro de esta esquizofrenia: aunque es una extensión del Estado, es presentada discursivamente como una “alteridad” ajena.

El sistema judicial reproduce esta lógica mediante una combinación perversa de estrategias punitivas (contra movimientos sociales) e impunitivas (para agentes estatales y paramilitares). Para sostener esta contradicción, se recurre a rupturas conceptuales dentro del Derecho: entre derecho penal y administrativo, entre verdad procesal y real, y entre derecho internacional e interno. Además, se manipulan pruebas testimoniales y se utilizan figuras como la “cosa juzgada” o jurisdicciones especiales para blindar la impunidad.

El texto concluye con una advertencia: la positivización de los derechos humanos, aunque necesaria, corre el riesgo de ser cooptada por la racionalidad instrumental, perdiendo su fuerza ética y utópica original. El Derecho, desgajado de su base valorativa, puede terminar sirviendo a la misma maquinaria estatal que debería limitar.

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