Resumen
El documento analiza el impacto de la doctrina pontificia en la historia de Colombia, específicamente en la gestación de conflictos sociales y políticos marcados por la estigmatización, la exclusión y la violencia. Se señala que numerosas persecuciones y condenas contra movimientos ideológicos, como el liberalismo, el socialismo y el comunismo; se inspiraron en documentos papales que los consideraban contrarios a la fe cristiana.
Desde finales del siglo XVIII, con Pío VI y su condena a la Declaración de los Derechos del Hombre, hasta mediados del siglo XX, con Pío XII y el decreto de excomunión para los católicos que se afiliaran a partidos comunistas, la Santa Sede emitió una serie de textos que rechazaban ideas modernas como la libertad de culto, de enseñanza y de conciencia. La encíclica Libertas de León XIII (1888) fue particularmente influyente en Colombia, donde los obispos la usaron para atacar al liberalismo.
El texto destaca que estas condenas no se basaban en un conocimiento riguroso de las teorías socialistas o comunistas, sino en versiones simplificadas o caricaturizadas de ellas, como señala el jesuita chileno Arturo Gaete en sus análisis publicados en la revista Mensaje. Las condenas se radicalizaron en respuesta al avance político de estos movimientos en Europa y América, especialmente tras la Revolución Rusa y la mexicana.
Gaete identifica un profundo desencuentro filosófico entre la visión neo-tomista de la Iglesia —centrada en un orden natural divino, la armonía de clases y un discurso unidimensional— y el marxismo, que concibe la historia como un proceso dialéctico y la lucha de clases como un hecho central. Esta incompatibilidad teórica impidió el diálogo y alimentó la exclusión mutua.
En Colombia, esta dinámica tuvo consecuencias dramáticas. La Constituyente de 1954, durante la dictadura de Rojas Pinilla, declaró fuera de la ley toda actividad comunista, reflejando directamente el decreto vaticano de 1949. Esto facilitó la estigmatización y persecución violenta de militantes de izquierda, con apoyo de amplios sectores católicos.
El documento concluye reconociendo que, aunque el papado de Juan XXIII y la encíclica Pacem in terris (1963) abrieron paso a una reconciliación con los derechos humanos y el diálogo, muchos sectores conservadores siguen aferrados a las condenas históricas, dificultando aún hoy la reconciliación nacional.
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