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En los 53 años de la muerte del Padre Camilo Torres Febrero 15 - 1966 / 2019 Homilía de la Eucaristía en la Universidad Nacional

Lunes 18 de febrero de 2019, por Javier Giraldo M. , S.J.

Comparto el texto completo de la Homilía en el marco de la conmemoración de los 53 años de la muerte del Padre Camilo Torres (Febrero 15 - 1966 / 2019) celebrada en la Universidad Nacional.

Foto cortesía: Diego DelgadoFoto cortesía: Diego Delgado

Cada que nos convocamos en esta fecha para mantener encendido ese fuego, a veces moribundo, de la memoria de Camilo, nos interpela nuevamente el misterio del tiempo y el misterio de la vida y su sentido.

Hoy se cumplen 53 años. Los testigos directos de su vida, quienes se dejaron conmover por su palabra viva, por sus análisis, por sus interpelaciones, por su contacto, por su testimonio, por su carisma, se han ido despidiendo uno tras otro, quedando ya pocos.

Hoy lamentamos la ausencia de la inolvidable “Cebollita”, apelativo que le puso el mismo Camilo por la frecuencia de sus lágrimas. Leonor Muñoz, confidente de Camilo, su apoyo y sustento en momentos difíciles como también de su madre Isabelita, y destinataria de muchos de sus recuerdos, la mayoría de los cuales se los legó a esta universidad. Ella nos transmitió con la contundencia de su testimonio el recuerdo fresco e impactante de Camilo. Hoy su memoria está muy presente en esta Eucaristía.

Este aniversario ocurre también luego de un período intenso de búsqueda de sus restos óseos, en el cual agudizamos la búsqueda de indicios, realizamos exhumaciones, se practicaron pruebas científicas luego de obtener el perfil genético de su madre, Isabelita, sepultada en La Habana. No fue posible, sin embargo, acceder a ese incógnito sepulcro, el cual continúa hundido en el misterio. Aquí en esta capilla continúa vacío el espacio reservado para sus restos. También la urna funeraria donada por Asonal Judicial, construida de nuevo tras las últimas búsquedas, luego de haber desaparecido la primera, continúa vacía. Nuevamente esa tumba vacía nos remite a los comienzos del cristianismo y de su fe pascual, hermosamente simbolizada en el regaño de los ángeles a las mujeres que habían preparado todos los implementos para el rito funerario de Jesús; para clausurar ritualmente su existencia. Los ángeles les dijeron a las mujeres, según lo narra el tercer Evangelio: No sigan buscando entre los muertos a alguien que está vivo (Lc. 24,5). Y en los relatos de esa tumba vacía se alimentó la fe de las generaciones en la resurrección, reconociendo a Jesús vivo y actuante en la historia.

Foto cortesía: Ángela Ospina Foto cortesía: Angela Ospina

Poco a poco la memoria de Camilo se ha ido desprendiendo de sus soportes biológicos, materiales, físicos. En los anaqueles históricos de esta Universidad reposan sus sotanas, ya muy deterioradas por el tiempo; algunos de sus escritos en papel, grabaciones de sus discursos que nos transmiten su voz; libros y folletos que tratan de recopilar y sistematizar sus mensajes. Pero la existencia de Camilo se ha ido configurando, cada vez más, como una energía espiritual que acusa perfiles inconfundibles y contagiosos. Como una energía que interpela y rehúye ser trivializada o estandarizada; energía que quema las entrañas, como la simbólica zarza que ardía sin consumirse en el monte Horeb para obligar a Moisés a comprometer su vida con la liberación de su pueblo oprimido en Egipto.

Llamémosla Energía Camílica, no “camilista” pa evitar caer en la rutina de los “ismos” que afirman facciones y dividen, lo que Camilo tanto repudió. Energía Camílica que quema y revuelca las tranquilidades; que desestabiliza y subvierte los acomodos; que no convive con las resignaciones; que se instala donde confluyen y se entrecruzan los razonamientos desinteresados y transparentes con los sentires compasivos y envolventes.

Energía espiritual que una vez que penetra en el alma solo puede ser expulsada mediante artificios de engaño, evasión o cobardía.
Energía Camílica que arrastra hacia búsquedas ineludibles y cada vez más concretas de amor eficaz.

Energía Camílica que desde hace cinco décadas inspira e impulsa teologías de liberación en muchos ámbitos geográficos, culturales y religiosos del mundo, no solo en el Cristianismo, también en el Islam, en el Hinduismo, en el Budismo, en las religiones africanas e indígenas, donde la búsqueda de contactos con lo divino transita necesariamente, como paso obligado, por el encuentro solidario y comprometido con la humanidad sufriente y oprimida.
Energía espiritual que se invoca, se añora y se reclama cuando se sienten y se sufren los efectos de la acumulación de la tierra en manos de élites privilegiadas, mientras las mayorías son despojadas y privadas de los bienes que la madre tierra regala para que sus hijos vivan en dignidad.

Energía Camílica que se añora y se invoca intensamente en los momentos y en los espacios en que los opresores insisten en justificar sus dominaciones, sus explotaciones y sus exclusiones; allí donde se vislumbran o se destapan los mecanismo encubridores de la injusticia y de la violencia estructural; allí donde campean los lenguajes falsos; los mitos perversos; las ideologías alienantes; las trampas mediáticas de la mentira convertida en falsa verdad de consumo masivo, hoy denominada “posverdad”.

Energía espiritual que imprime en sus portadores, como con hierro candente, sentimientos de solidaridad fraterna, de búsqueda insobornable del bien común, de unidad que supera y relativiza las diferencias, de confluencia en ideales de convivencia que se construyan sobre el reconocimiento inflexible de la dignidad humana.

Energía Camílica que derrumba las sofisticadas lecturas del Evangelio que supieron ocultar durante siglos la simplicidad y la transparencia de la Buena Noticia: amar eficazmente a los humanos para poder amar sinceramente a su Creador.

Energía espiritual que toma la forma de resistencia frente a los modelos de sociedad y los poderes que se atrincheran en la violencia, en la alienación, en la mentira y en el engaño y que en momentos como el que hoy vivimos en Colombia hacen alarde con arrogancia de su dominio coyuntural.
Energía Camílica que revive en estos momentos de memoria y que se nos vuelve a ofrecer como un camino, como una opción, como un regalo y como una luz en nuestros momentos de confusión y de oscuridad.

Por eso nuevamente añoramos un corazón grande para amar; un corazón fuerte para luchar.