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  Camilo Regresa

Artículo/ficción sirve de Prólogo al libro “CAMILO - Mensajes visionarios”

Viernes 5 de agosto de 2011, por Javier Giraldo M. , S.J.

Este artículo/ficción sirve de Prólogo al libro “CAMILO - Mensajes visionarios”, publicado por el Proyecto Memoria Histórica en febrero de 2011, en el cual se reproducen los Mensajes de Camilo a los diversos sectores sociales, comentados por algún líder de cada sector.

Camilo Regresa



Cuando me comunicaron de la portería que alguien me buscaba pero se negaba a dar su nombre, dudé en atenderlo. Sin embargo, un extraño sentimiento me impulsó a hacer caso omiso de mis precarias medidas de seguridad y a bajar apresurado, y no sin cierta curiosidad, para ver de quién se trataba. Su rostro amable y expresivo ahuyentó en un segundo cualquier temor. Decidí respetar su anonimato. Su informalidad, su vestimenta, sus modales y su lenguaje me hacían presumir en él la presencia de un campesino con algunos rasgos indígenas; quizás de un obrero o de un estudiante de precarias condiciones y ciertamente de un activista social o político de contagiosa honestidad. Fue muy parco en transmitir su mensaje, envuelto en frases, gestos y miradas que consolidaban la confianza. Se me pedía ir esa noche al aeropuerto a recibir a alguien a quien reconocería por su sola presencia y acompañarlo en diligencias que él mismo me explicaría. El mensajero se despidió con rapidez, como obedeciendo a una disciplina asumida con plena convicción.

Aquella noche el aeropuerto estaba, extrañamente, solitario. Quizás por ello el ruido de los aviones que aterrizaban se escuchaba con más fuerza. La soledad, la artificialidad de la iluminación que aquella noche me pareció más tenue y misteriosa, y la observación de naves gigantescas que descendían de un firmamento lejano y cuajado de misterio, me envolvió por momentos en sensaciones que parecían colocarme por fuera del tiempo y del espacio, rompiendo las barreras que separan el antes y el después; el aquí y el allá y el “más allá”. Embrujado por tales sensaciones, de repente vi aparecer, en la puerta externa del área de inmigraciones, una figura demasiado conocida pero que radicalizó el hechizo de mis presentimientos. Las coordenadas de tiempo y espacio parecían confundírseme radicalmente y no tuve más remedio que avanzar, casi sonámbulo, a saludarlo: ¿Camilo? “Sí, soy yo; gracias por recibirme”. Nos abrazamos.

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