Desde los márgenes

Página oficial de Javier Giraldo Moreno, S.J.

Portada del sitio > Despedidas y evocaciones > Homilía en Recetor, Casanare noviembre 1° de 2009

Homilía

Homilía en Recetor, Casanare noviembre 1° de 2009

Por: Javier Giraldo M., S.J

Miércoles 4 de noviembre de 2009, por Javier Giraldo M. , S.J.


Peregrinación Nacional al Casanare
Casanare: exhumando el genocidio

Homilía en Recetor, Casanare
noviembre 1° de 2009
segunda jornada de la Peregrinación al Casanare

Queridas familias de Recetor que arrastran la memoria dolorosa de sus víctimas, exterminadas por los poderes que nos rigen durante tantos años; queridas familias casanareñas; queridos peregrinos.

Nos hemos congregado hoy aquí en Recetor, lugar pequeño dentro de la geografía nacional pero inmenso en las dimensiones de su tragedia y de su dolor; inmenso en el número de desaparecidos que interpelan la conciencia del país y de la humanidad; inmenso en sus cuestionamientos a la legitimidad de nuestro régimen de terror.

El pasaje del Evangelio que hemos escuchado nos permite introducirnos en los sentimientos de Jesús frente a una realidad como la que vivimos hoy, al tener frente a nosotros los rostros y la memoria de tantas víctimas cuyas vidas fueron destruidas con sevicia por las instancias del poder.

Personas escandalizadas por la masacre que el Procurador Romano Poncio Pilatos acababa de perpetrar, ejecutando a un grupo de Galileos y mezclando su sangre con la sangre de los animales que se sacrificaban en el templo, le fueron a compartir a Jesús la noticia, buscando algún comentario de su parte. Jesús, conocedor de los mecanismos con que se suele justificar los crímenes en la opinión de las masas, quiso corregir inmediatamente esa justificación irracional que presenta siempre a las víctimas como culpables de algo. Por eso les dijo: ¿van a creer ustedes que esos galileos que acaba de asesinar Pilatos, eran culpables de algo por haber sufrido esa clase de muerte? Y él mismo responde: No. No eran culpables. Y les advierte enseguida: “si no hay un cambio profundo de visión de las cosas, todos vamos morir de la misma manera”; es decir, Pilatos o los que tienen poder, los pueden exterminar a todos.

Nuestra sociedad es demasiado generosa para con los que tienen poder y dinero y los grandes medios de comunicación transmiten día y noche su visión de las cosas para que el pueblo asimile sus engaños. Pero tener fe significa ser capaces de creer en la fuerza de la verdad, en la fuerza espiritual de la rectitud; en el valor fundamental de la vida como el don más grande de Dios que nadie puede arrogarse el poder de destruir. Por eso Jesús, en ese mismo capítulo del Evangelio de Lucas, compara el Reino de Dios a un grano de mostaza que va creciendo desde la pequeñez hasta llegar a ser un arbusto donde los pájaros hacen sus nidos; o a una levadura que una mujer mete en la masa de harina, hasta que fermenta toda la masa. Es decir, es algo pequeño e imperceptible, pero que tiene una vitalidad natural que le permite crecer y transformar.

El exterminio de tantas vidas humanas en estos poblados, lo mismo que en tantos rincones de Colombia, hace que nuestras vidas hayan ido adquiriendo el carácter de sobrevivientes. Vivimos, pero con la conciencia clara de que a otros no les permitieron vivir. Por eso somos “sobrevivientes”.

Y vivimos también con la conciencia de que la sociedad en la cual estamos sumergidos, es así y no de otra manera, gracias el exterminio de todos los que fueron expulsados violentamente de la vida. Vivir hoy día en Colombia es convivir con millones de ausencias: las ausencias de los desaparecidos; las ausencias de los ejecutados, e incluso las ausencias de los desplazados, obligados a vivir casi como muertos en vida, paralizados y silenciados por el terror.

La realidad que nos rodea es, pues, una realidad ilegítima y perversa; una realidad que ha sido configurada con ausencias y que se goza de las ausencias y disfruta de las ausencias para consolidar injusticias monstruosas.

Nuestra fe en la vida, que como lo dice Jesús, cambie la visión de las cosas y la interpretación de las cosas que ha configurado los exterminadores, es una fe que tiene que convertir las ausencias en presencias. Tiene que convertir la vida de las víctimas, de objetos de olvido y aniquilamiento, en memoria que se ponga al servicio de una nueva valoración de la vida, de recuperación de los sueños aplastados; de recuperación de los gritos y reclamos de justicia que fueron silenciados.

Hemos peregrinado para exorcizar el silencio que por muchos años ha convertido a las víctimas del Casanare en seres inexistentes, y sus proyectos, sus sueños, sus organizaciones y sus clamores, en realidades estigmatizadas con mantos ficticios de delito o de culpa.

Venimos a afirmar tajantemente, como lo hizo Jesús: no eran culpables¡ Culpables y criminales fueron quienes los exterminaron para poder implantar el reino de la codicia y del lucro, del soborno y de la corrupción, estorbado por quienes desde la transparencia de sus valores campesinos no podían transigir con el engaño y el dolo; con el robo y la explotación; con el enriquecimiento basado en la trasgresión de toda norma de justicia.

Hemos querido incentivar, con esta peregrinación, un movimiento de recuperación de la memoria de las víctimas, para que la Vida pueda volver a ser un valor apreciable en nuestra sociedad. Engañoso sería todo discurso a favor de la vida, de la dignidad humana y de los derechos del ser humano, si no vuelve la mirada a las vidas que fueron exterminadas; si no ilumina su memoria con la verdad, y las dignifica con la justicia y con la corrección de todos las fuerzas, mecanismos y factores que llevaron a su exterminio.

También la vida de Jesús fue exterminada por los poderes históricos que rechazaron la construcción de la convivencia humana sobre la transparencia, la verdad, la justicia, la solidaridad y la fraternidad. Pero sus primeros discípulos, quienes nos transmitieron la fe en su resurrección, descubrieron que la mayor manifestación de Dios en la historia estaba justamente en la negación de las fuerzas de la muerte, cuando la muerte física trata de exterminar todos los valores que Dios había sembrado en la creación y en la conciencia de la Humanidad. Por eso la Resurrección ha atravesado la historia como la mayor fuerza de resistencia a los poderes de la muerte.

Que sobre esta tierra ensangrentada y arrasada brille hoy, pues, la esperanza de la resurrección. Que la energía de la solidaridad quede resembrada sobre esta tierra abonada con la sangre de los mártires. Que la Vida vuelva a germinar con todos sus dinamismos de verdad, de transparencia, de justicia y de fraternidad.

 

 * * * * * * * * * * * * * * * * 

¿Un mensaje, un comentario?

moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Su mensaje

Para crear párrafos, deje simplemente líneas vacías.